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HISTORIA DE LAS DROGAS, CAPÍTULO 2

Tiempo aproximado de lectura: 14 minutos.

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¡Hola de nuevo! Si estás aquí, seguramente sea porque la semana pasada te leíste el primer artículo de la saga de los martes.

Si aún no lo leíste, se trata de la primera parte sobre la historia de las drogas, que trata el recorrido histórico de estas desde los indígenas hasta las guerras del opio, pasando por la caza de brujas. Además, la historia no está, ni mucho menos, exenta de curiosidades de lo más variopintas.

Por ejemplo, ¿sabías que las brujas en realidad solo mostraban comportamientos extraños porque algunas noches se masturbaban con un palo de escoba cubierto por un ungüento con propiedades alucinógenas?

¡Corre! ¿A qué esperas para enterarte de cómo terminó todo? Puedes encontrarlo aquí: Historia de las drogas, Capítulo 1.

Si no puedes leértelo ahora, no te preocupes, no es esencial para entender este.

En resumen, ese capítulo termina con las guerras del opio, que nos dejan una gran lección a aprender: la prohibición es la causante del nacimiento de los adictos, pues esta crea al narcotraficante y el narcotraficante al yonki.

Sin embargo, parece que no nos gusta aprender de la historia. Lo descubrirás en unos minutos.

Empecemos.

Avances químicos del siglo XIX. Lo que antes era droga ahora es fármaco.

Después de las guerras del opio, ya en el S.XIX, la química realizó grandes avances, desarrollando las panaceas. Una panacea es un estupefaciente con capacidades curativas, es decir, lo que denominamos fármaco. Entre sus principios activos encontrábamos: morfina (1806), codeína (1832), cocaína (1860), heroína (1883), mescalina (1896) y anestésicos como el éter, cloroformo y óxido nitroso.

Efectivamente, en los inicios se pensaba que eran panaceas y lo mejor que tenían era la pureza. Esa pureza permitía dosificar con exactitud, haciendo del fármaco una sustancia con un rango de seguridad bastante alto para el usuario.

El primer fármaco: la morfina

morfina

El primer fármaco del XIX fue la morfina, un alcaloide del opio, que se utilizó en las guerras por su capacidad para calmar o suprimir el dolor. Se recetaba a cualquier soldado, a pesar de que los estudios previos no fueron muy abundantes. El problema fue que el personal sanitario lo probó sin causa médica y el 65% de los primeros morfinómanos formarían parte de este sector.

Una curiosidad de este fármaco es que, gracias a él y a la aspirina, la gran marca Bayer pasó de ser una simple fábrica de colorantes a un gigante químico mundial.

La cocaína como fármaco

Medio siglo después aparecería la cocaína, que se comercializaría como forma inofensiva de curar la tristeza. Es más, los actuales estudiantes de psicología se sorprenden cuando descubren que Freud la recomendaba a sus pacientes y que fue usuario a diario durante más de una década. Pero es que se consideraba tan inofensiva, que se incluyó hasta en las bebidas: de ahí el nombre de Coca-Cola.

¿Eran los medicamentos solo medicamentos?

Este tipo de medicamentos fueron el desencadenante de los nuevos usos y visión de las drogas. Ya no se trataba de simples sustancias para conectar con la divinidad, sino que una droga ahora sería un fármaco, un recreativo, una forma de introspección… O una fuente de adicción que llevaría a muchas familias a la ruina.

Así, resultó que algún fármaco que otro no sería tan solo un inofensivo fármaco. Algunos que consumieron estos medicamentos tuvieron experiencias positivas, que extendieron entre la población. Esta, atraída por las experiencias de los supuestamente enfermos, comenzaron a consumir sin causa médica, surgiendo el uso por gusto, ‘porque no hay nada mejor que hacer’.

Y no cometamos el error de pensar que las primeras adicciones cayeron sobre las clases bajas. Nietzsche utilizaba el cannabis y hasta llegó a depender del cloral (barbitúrico) y Guy de Maupassant sería el eterómano más creativo. Pero no eran los únicos. Mehring y Fischer descubrieron el Veronal, el primer barbitúrico comercializado, es decir, sin supuesto riesgo de adicción. Ellos mismos morirían por sobredosis de su propio invento tras unos años de dependencia.

fármaco veronal

¡Vaya! ¡Algunos de los que consumen inapropiadamente tienen problemas! ¡Prohibamos las medicinas! ¡Ah, no! Las drogas, ¡prohibamos las drogas!

Con todo esto, la población comienza a darse cuenta de que personas cercanas a ella que consumen algún fármaco están desarrollando problemas de adicción, así que se concentran para llamar a la prohibición en torno al 1900. Esta llamada dio lugar en 1914 a la ley Harrison, que prohibía el opio y la cocaína en EEUU. No les pareció suficiente y en 1920 entraría en vigor la ley Seca, que prohibía también el consumo de alcohol.

Consecuencias de la prohibición y relegalización

Las consecuencias no fueron exactamente las deseadas: el contrabando que ya había nacido en las guerras del opio ahora tuvo campo abierto para crecer vertiginosamente.

Además, la tipología del consumidor cambió. Antes se trataba de personas de clase media mayores de cuarenta años sin historial delictivo, pero ahora, además de que el consumo no disminuyó, los consumidores eran jóvenes pobres con antecedentes penales.

Pronto se dieron cuenta del error que habían cometido y, en 1933, relegalizaron el alcohol. Aunque no la cocaína ni la heroína.

Pero nunca llueve a gusto de todos...

Los médicos no cesaron en lanzar quejas. No entendían por qué tenía que ser la policía quien decidiese cuándo o cuándo no se podía recetar un fármaco como el opio. Además, les recriminaban que el problema de los narcóticos había sido culpa suya, porque la ley Harrison hizo renacer al traficante de drogas, y el traficante creó adictos.

¿Y si prohibimos aún más sustancias y lo extrapolamos al marco internacional?

Estas quejas no solo no dieron ningún resultado, sino que, además, las leyes se volvieron más restrictivas: la marihuana se ilegalizó en 1937, a pesar de que los médicos Treadway y Woodwars alegaron tradiciones milenarias con respecto a su uso.

De nuevo, nadie los escuchó y los estadounidenses siguieron con su lucha. No les parecía suficiente que estas restricciones se aplicaran solo en su país, así que elaboraron el Comité Central Permanente, para vigilar el mercado de drogas en todo el mundo. Así fue cómo la cruzada estadounidense se convirtió en cruzada mundial.

Has de obedecer las indicaciones del Estado. Si él dice que algo es malo, lo es. Nos protege... O no.

Este tipo de prohibiciones supusieron el más duro golpe al consumo responsable. Ahora, una persona no solo no podía escoger libremente qué sustancias le vendrían bien o mal, sino que, además, sería el Estado quien decidiese cuáles eran buenas, y permitía usar y, por el contrario, cuáles no. Sí, esos Estados que supuestamente velan por nuestra salud y bienestar, pero que nos sorprenden con atentados contra su propia población como el de las anfetaminas.

Anfetaminas

Estas se utilizaron en la Segunda Guerra Mundial, porque permitía al soldado aumentar su resistencia. Cuando los conflictos hubieron acabado, descubrieron a soldados adictos acudiendo a los centros médicos en busca de más anfetaminas. Es decir, que las consecuencias negativas de este 'fármaco' ya se habían presentado.

Sin embargo, los excedentes eran abrumadores, y los Estados no querían perder dinero, así que inundaron las calles de anfetaminas bajo la publicidad de que dos comprimidos al día eran más eficaces que un mes de vacaciones, y pronto habría usuarios en todo el planeta.

Bueno, podemos pensar que el caso de las anfetaminas fue uno aislado, pero es que no son el único ‘fármaco’ con consecuencias desastrosas.

Barbitúricos

Algo parecido ocurrió con los barbitúricos, un supuesto 'fármaco' (y perdón por reiterar tanto con la palabra, solo quiero transmitir el pensamiento que se tenía de estas sustancias en esta época) con un efecto de aturdimiento que resultaba útil a falta de opiáceos, pero que tenía grandes posibilidades de sobredosis accidentales, porque se tomaban algunas pastillas, se ocupaban un momento de otra cosa, olvidaban haber consumido y tomaban otra vez, como pudo acontecer con Marilyn Monroe.

Período de entreguerras

Otro ejemplo sería lo que ocurrió en el período de entreguerras, donde promovieron el consumo de sustancias que sabían eran perjudiciales, como la peptidina, la metadona, la cetobemidona (fabricada en Europa por cientos de kilos, aunque clasificada por los expertos como droga extremadamente peligrosa), la norametadona, la morfinona y la dihidromorfinona.

Años 50

Pero esto no acaba aquí. En los años 50 aparecen otras drogas, como el meprobamato, supuesto fármaco vendido como ‘píldora feliz’ que otorga tranquilidad moral y no produce adicción. En 1965, EEUU consume 600 toneladas. Estos kilos serán triplicados por los de las benzodiacepinas (Valium, Diacepam, Aneurol, etc.) que llegan como ansiolíticos libres de cualidades adictivas, aunque con gran síndrome abstinencial.

¿De los peores? El softenón o Talidomida, comercializado como somnífero ideal para embarazadas. A los dos años empezaron a nacer niños monstruosos, además de una ola de abortos.

No todo son malas noticias: descubrimiento de la LSD

Parece que desde el primer fármaco todo son malas noticias. Pero no es así. Albert Hofmann descubrió la LSD y confeccionó un preparado, el Delysid, que tuvo mucho éxito en psicoterapia.

Albert Hofmann
Albert Hofmann
Delysid

 

 

 

 

 

 

 

 

No interesaba realizar amplias investigaciones sobre las drogas comercializadas como medicamentos, pero sí sobre la LSD, porque el Delysid provocaba la liberación de material reprimido en el paciente.

Interesó tanto que se introdujo como sustancia a investigar en el Proyecto MK-ULTRA, un proyecto de la División Química de la CIA basado en el control mental. ¿Los resultados de las investigaciones? Son un secreto de estado.

No obstante, la LSD en 1943 despertó el interés por las drogas visionarias de europeos y norteamericanos. Se utilizaba como vehículo de conocimiento, partiendo de las experiencias de Aldous Huxley.

Pronto se llegó a un uso abusivo de la sustancia, y fue prohibida en 1867. Hoffman quedó indignado, pues esta actitud eclipsó por completo el potencial médico y utilización de la sustancia como fármaco para enfermedades mentales.

Alguien inteligente, como el hermano del presidente asesinado R. Kennedy, añadió el año previo: “Creo que hemos puesto demasiada atención en que la LSD puede ser peligrosa y perjudicial, perdiendo de vista que puede ser muy útil en nuestra sociedad si se usa apropiadamente”. No causó ningún efecto. Apenas le escucharon.

El problema de la droga iba en aumento...

Mientras tanto, el problema de la droga iba en aumento. En 1945 el usuario de heroína tenía una edad media de 25 años y solía pertenecer a ambientes delictivos.

Estos ‘yonquis’ escenificaron el desgarramiento de la vida en sociedades volcadas sobre el puro consumo: hay que buscar heroína inyectable, consumirla tan rápidamente como sea posible y reanudar el ciclo; en eso se agota el mundo. Ahí, aunque el yonqui se administraba diez o veinte veces menos cantidad que sus antecesores, la modalidad cambió: ya no consumía para asumir mejor sus responsabilidades, sino que se declaraba irresponsable en general. En 1960 habría 50.000 yonquis en la calle.

yonquis

¿Y no se condenaba a los narcos? No. Fueron los revendedores callejeros los que sufrieron las consecuencias.

Los mitos sobre las sustancias no cesan

Esas personas que deciden qué se puede y qué no consumir transmitieron sus órdenes a los agentes, para extender el miedo sobre las consecuencias penales relacionadas con las drogas y hacer cumplir la ley. Aunque a algunos no les quedó muy claro. Lo que a esos sí que les quedó claro era que podían enriquecerse con todo esto. Por eso, en 1971 son juzgados y condenados cinco agentes del FBI que vendían heroína muy económica en los barrios pobres de Nueva York.

La corrupción policial se unió al cada vez más creciente nacimiento de mitos y bulos alrededor de cada ‘fármaco’, dejando muchos de serlo y recuperando su nombre de droga, aunque ahora solo con connotaciones negativas.

Por ejemplo, se empezó a suponer que un heroinómano moría siempre y frecuentemente por sobredosis. Pero esta teoría fallaba por el propio porcentaje de adulteración, lo que comúnmente se denomina ‘corte’, otro problema de la prohibición y el narcotráfico.

Si alguien falleciera tras beber una botella de whisky aguada hasta el 95%, nadie achacaría ese fallecimiento a un exceso de alcohol sino al agua; ¿por qué, entonces, atribuir las muertes de los heroinómanos a la heroína, en vez de a los cortes del producto?

Los médicos, que al final son los que pueden determinar los efectos en el cuerpo de los estupefacientes y no los políticos, vieron que la máxima pureza media de la heroína callejera en EEUU entre 1973 y 1986 era del 6,3%, que ese fraude costaba 100 euros el gramo y que las autopsias demostraban que esa mortandad se debía a la adulteración del producto con quinina.

¿Qué hacemos para luchar contra la droga?

Cuando las calles estadounidenses estaban inundadas de yonquis, ¿sabes en qué consistió la política policial? En que lo fundamental para luchar contra la droga era reducir su pureza y elevar el precio. Sin embargo, ¿recuerdas el nombre que se les otorgó a las primeras drogas comercializadas?

Panaceas. Estas se caracterizaban por su pureza y esa era su mejor cualidad, pues aumentaba el rango de seguridad del usuario.

Lo más irónico de todo es que estas medidas de reducción de pureza y aumento de precio es justo lo que mejor le viene al narcotraficante. Esto podría llevarnos a pensar que estas personas influyentes y que forman parte de las decisiones que se toman con respecto a las drogas se llenan también los bolsillos con el narcotráfico. ¿Conspiración? Ojalá lo fuera.

Espera, llegaremos. Antes deja que termine de contarte la historia.

Legalización de la marihuana y consecuencias

En 1972, algunos médicos consiguieron convencer a los políticos a cerca de la inocuedad del producto y el uso del mismo por 25 millones de norteamericanos. Hablo de la marihuana, que fue despenalizada en California y poco después en Canadá, España, Holanda y Dinamarca.

Los resultados fueron asombrosos y es que, al dejar de ser peligroso consumir hachís, incluso en público, la sustancia perdió contenido apasionante y los consumidores disminuyeron. En Holanda, donde a día de hoy sigue siendo legal, los derivados del cáñamo se venden en 1.500 coffe shops, y solo un 5% de la población lo fuma regularmente.

Tal vez deberíamos replantearnos la visión que ofrecen los políticos y hacer más caso a médicos y a lo que dicta la historia.

Ese afloje de cuerda con la marihuana no duraría mucho tiempo y en los 80 nos encontramos con lo peor.

Lo peor lo encontramos a partir de los años 80

Las legislaciones endurecieron aún más las penas contra el comercio y empleo de sustancias. Así que la industria del narcotráfico tuvo que adaptarse y ahora manipularía átomos, moléculas y compuestos químicos. Distribuirían las llamadas drogas de diseño, cuyo rasgo común es nacer de la prohibición y como copia alternativa a drogas originales.

Se inventaron varios sucedáneos más potentes, más baratos y más tóxicos para cada una de las drogas ilícitas previas.

Una de las primeras fue la china White, hoy empleado en intervenciones quirúrgicas, que es hasta dos mil veces más activa que la heroína. Murió muchísima gente. Aparecieron también cocaínas artificiales (coco snow, cristal caine, synth coke). En Extremo Oriente hizo furor el ice, metanfetamina líquida, poniendo una gota en la punta de los cigarrillos, con hasta varios días de duración del efecto.

Pero ninguna droga tuvo tanta fama como el crack. Fumado en pipas, o aspirando el humo derivado de calentarlo sobre papel de plata, el crack produce una euforia superior a la cocaínica, aunque aún más breve, y su usuario-tipo exhibe rasgos comunes con el yonqui de opiáceos. La cocaína representaba el lujo de los triunfadores (100/200 dólares el gramo) y el crack era el lujo de los miserables (2/5 dólares el gramo).

crack
Persona fumando crack

Entre las drogas de diseño con perfil psiquedélico, la más famosa fue la MDMA o éxtasis. En 1984 pasó a ser el emblema del movimiento New Age, cuya versión hispánica sería la ruta del bacalao.

Estas nuevas drogas, ahora sin ningún conocimiento sobre su composición, llevaron y llevan a la ruina y miseria a multitud de personas y sus familiares.

¿El narcotráfico creció ayudado por policías y las altas esferas?

Ha llegado el momento de que juzgues por ti mismo si lo anterior expuesto sobre relaciones entre altas esferas y narcotraficantes son o no asunto místico, infundado y conspiranoico.

En 1980 quebró fraudulentamente un holding de compañías llamado Nugan Hand Inc, donde muchos de sus dirigentes eran exmiembros de la CIA, y que se veía implicado en negocios de tráfico de armas y drogas.

Pero, cuando estalló esa tapadera, ya había otra: el Banco Internacional de Crédito y Comercio (BCCI). En 1988 algunos directivos fueron encarcelados por blanquear dinero de drogas. Contó con clientes como Sadam Hussein, el terrorista Abu Nidal, la Jihad Islámica y prácticamente todos los servicios secretos opulentos, como la CIA.

No sabemos qué nuevo holding internacional se encarga del gran tráfico de drogas, pero debe de ser una empresa aún mayor, con una gran fachada de respetabilidad.

Como diría Antonio Escohotado en su libro Historia elemental de las drogas, pretender que los responsables últimos del negocio son indocumentados como el colombiano P. Escobar, es confundir la cortina de humo con aquello que quiere mantener oculto.

Conclusión

Cerrando ya el artículo y concluyendo con lo que esta parte de la historia nos enseña, creo que lo primero que debemos hacer es desconfiar de cualquiera, pero principalmente de las autoridades estatales.

No animo al consumo de sustancias ilícitas, animo al conocimiento en profundidad de historia, propiedades y efectos de cada una por las que se siente curiosidad.

Animo a la conversación abierta en materia de drogas tanto en colegios e institutos como en casa o entre amigos. Pero sobre todo animo a despojarnos de prejuicios previos a ningún conocimiento. La cocaína no es mala solo porque te lo han dicho en el colegio y el Valium no es bueno solo porque lo consume tu padre.

Hablar sobre droga no debería ser un tema tabú, pues es de ahí de donde nacen muchos de los problemas.

Por ejemplo, creo que coincidimos en que resulta más efectivo contra la concepción indeseada la amplia explicación sobre cómo se coloca un preservativo que avisos e incluso miedos sobre el peligro del embarazo, las enfermedades, lo que te van a llamar tras mantener una relación sexual y otras muchas más estupideces que solo llevan a eclipsar lo positivo que el sexo aporta y el conocimiento sobre las prevenciones a tener en cuenta.

¿El resultado de ese tipo de educación sexual? Chicos y chicas que mantienen relaciones con un miedo abrumador y que encima se quedan embarazados por desconocimientos sobre prevención.

¿Queremos que ocurra eso también con las drogas?

No. Entonces, ¿por qué no paramos de decirles a los niños que las drogas son malas porque hay adictos y que como las consuman les castigamos?

¿No sería mejor explicarles efectos, consecuencias pro y contra, situaciones de riesgo, cómo identificar una sobredosis, qué hacer en ese momento y cómo prevenirlo?

Esas tan solo han sido las primeras ideas que podrían enseñarse a los jóvenes. ¡La multitud de matices y conocimientos es increíble! Lo que quiero decir es que hay muchas maneras de prevenir potenciales adicciones más efectivas fuera del típico 'no consumas porque es malo'.

En esta misión los holandeses van muy por delante de nosotros. Allí se exhiben los índices más altos de consumo de drogas ilícitas, al mismo tiempo que los más bajos de criminalidad e intoxicaciones. Ellos defienden que allí reina cultura en vez de incultura, y el efecto real de las drogas no es distorsionado por mitologías y alarmismos contraproducentes, ni por unas vías de acceso a su consumo relacionadas por fuerza con la criminalidad. Importantes porcentajes de la población se pronuncian por legalizar el uso y comercio de todas las drogas, aunque no se sabe hasta qué punto esta llamada está teniendo resultados.

En cualquier caso, si se llevase a cabo, esa legalización supondría un duro golpe a las redes de narcotráfico y una mayor seguridad para el consumidor, pues las sustancias serían puras y no adulteradas. Personalmente, combinaría esta legalización con amplios programas informativos y abriría lugares de apoyo y consulta gratuitos para quien lo desease, además de centros de desintoxicación para rehabilitar a quien ya tuviera problemas.

Así es como se solucionó el problema del narcotráfico y los adictos en China tras las guerras del opio. Puede que esta vez la pionera sea Holanda y que posiblemente produjese un efecto en cadena que llevase al resto de poblaciones a querer relegalizar el consumo animados por los ventajosos resultados acontecidos allí.

Podemos divagar en torno a estos temas, pero –en palabras de Escohotado- lo único que podemos sacar en claro es que el experimento ha sido prohibir, y que ninguna cultura conocida otorgó una tutela genérica sobre ‘el juicio y el estado de ánimo’, como establece el Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas. Cuando alguien alegue que cualquier otra cosa suscitaría un desaforado aumento en el consumo de droga, contrastemos su conjetura con las lecciones del ayer sobre lo que se deriva de penalizarlas, despenalizarlas o mantenerlas ajenas al derecho. Ahora y siempre, las experiencias valen más que las advertencias. Al fuero interno de cada uno incumbe decidir si el remedio es adecuado a la enfermedad, peor que ella o acaso origen de la enfermedad misma.

El genio de los griegos bautizó las drogas con un término (phármakon) que significa a la vez remedio y veneno, pues dependiendo de conocimiento, ocasión e individuo lo uno se transforma en lo otro. Del ser humano, y en modo alguno de las drogas, depende que remedien o dañen. Como existieron siempre, en todas partes, y -a juzgar por el hoy- mañana habrá más que ayer, la alternativa no es un mundo con o sin ellas. La alternativa es instruir sobre su correcto empleo o satanizarlo indiscriminadamente: sembrar ilustración o sembrar miedo e ignorancia.

Un saludo y nos vemos el próximo martes. Actúa.

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2 Comentarios on "HISTORIA DE LAS DROGAS, CAPÍTULO 2"

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todas las drogas pueden ser malas con abuso...y anular o matar a la persona. Muchas de las ilegales deberían ser legales, salvo las que son pura mierda, como el crack, barbitúricos, etc.

Y, desde luego, es necesaria una educación regulada, además de una regulación para su venta y multas para quienes abusen o cometan imprudencias.

También el alcohol es droga y el azúcar y el café producen el mismo efecto de euforia-bajón-enganche... aunque no hacen perder tanto la conciencia.

Meditar es mejor y también amar, estar en la naturaleza, el ejercicio moderado, el juego y follar, porque producen endorfinas.

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