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LA HOMEOSTASIS Y SU CARGA

Tiempo aproximado de lectura: 15 minutos.

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homeostasis

No eres lo que te gustaría ser. Sabes que has perdido cientos de horas en actividades improductivas y que por culpa de ellas has cometido errores.

Así, es comprensible que te preguntes dónde te encontrarías si no hubieses perdido tanto el tiempo.

De esta manera, te surgen preguntas del estilo:

“¿estoy usando todo mi potencial? ¿De veras estoy esforzándome hasta el límite de mis capacidades?”

Y sabes que la respuesta es no.

Sin duda te esfuerzas y trabajas. Puede que incluso seas una persona de éxito en algún campo en comparación con las personas que te rodean.

Pero sabes que no eres la mejor versión de ti mismo. Que podrías estar a años luz de tu posición actual.

Y sabes lo que deberías haber hecho en el pasado para estar donde te gustaría. Y sabes lo que tienes que hacer ahora para no seguir perdiendo el tiempo.

Actuar. Realizar actividades productivas.

Entrenar más, estudiar más, trabajar más.

Pero no solo eso. Sabes que gran parte de tu tiempo lo perdiste en actividades improductivas, así que también debes hacer menos de esas.

Menos televisión, menos youtube, menos comida basura, menos redes sociales.

Pero siempre hay un pero.

En este caso, el pero es lo fácil que suena decir esto y lo difícil que es actuar en sí.

Retoma en tu mente ese momento cuando estás a punto de empezar algo que deseas hacer y de pronto una fuerza que desconoces elimina de golpe toda tu motivación.

¡Es muy frustrante!

Pero no te preocupes. No es algo que solo te ocurra a ti, sino a todo el mundo. Esa fuerza extraña se denomina homeostasis y se puede trabajar con ella.

Empecemos.

¿Qué es la homeostasis y por qué existe?

La palabra se tomó del griego (homos=semejante) y (stasis=estabilidad). Fue acuñada en 1926 por el fisiólogo estadounidense Walter Cannon, para referirse a la propiedad de los seres vivos de autorregular dinámicamente sus condiciones internas, respondiendo a cambios en las condiciones exteriores.

Es decir, es la tendencia que tiene el cuerpo a mantener el equilibrio. Pretende la supervivencia del individuo, pues grandes alteraciones internas podrían acabar con su vida.

Como todo lo interesante en el mundo, la homeostasis es un término complejo que se basa en la verdadera función que tienen los genes en nuestro organismo.

Esto es lo que dijo Daniel Liberman, ganador de un premio Nobel:

Ningún organismo se adapta principalmente para estar sano, vivir mucho tiempo, ser feliz, o conseguir los objetivos que tiene en su vida.

Muchas adaptaciones humanas no necesariamente evolucionaron para promover el bienestar físico o intelectual.

 

Así, el común pensamiento que sostiene que somos seres que venimos 'de serie' preparados para ser sanos, inteligentes y capacitados para alcanzar el éxito es falso.

Nuestros genes pretenden ser inmortales. Aparearse con otros genes y pasar a la generación siguiente.

Nosotros solamente somos sus vehículos.

Vehículos que deben mantener vivos hasta que se reproduzcan. Es por eso que los genes van a encargarse principalmente de esta cuestión.

Para ello, crearon un sistema sencillo, pero muy poderoso, conocido como homeostasis. Es sobre este sistema sobre el que se construyeron los instintos.

La homeostasis es un sistema adaptado al medio prehistórico, que no al actual, que se sustenta sobre tres postulados.

  • Ahorrar energía.

Sin lugar a dudas, es el postulado más importante y el punto hacia el cual el cuerpo tiende de manera natural.

¿Por qué el cuerpo debía ahorrar energía?

Entendamos primero qué es una cadena trófica y cómo los ecosistemas se mantienen estables.

Una cadena trófica es el proceso de transferencia de energía alimenticia a través de organismos en los que cada uno se alimenta del anterior y a la vez es el alimento del siguiente.

Esta es la cadena de un ecosistema normal:

  1. Los productores. Son los organismos fotosintéticos como las plantas, que crean materia orgánica a partir de materia inorgánica.
  2. Los herbívoros. Son los que se alimentan de los productores.
  3. Los consumidores secundarios. Son los que se alimentan de herviboros y/o productores.
  4. Los consumidores terciarios. Se alimentan de alguno o todos los anteriores.
  5. Descomponedores. Son los que cierran el ciclo, retomando la materia orgánica a inorgánica.

Ejemplo de cadena trófica: planta < conejo < lobo < buitre < bacterias descomponedoras < planta...

Ante esta situación, el ser humano es un consumidor terciario, porque ningún animal nos depreda y nosotros los depredamos a todos.

Esto parece una ventaja, pues si podemos alimentarnos de todos los anteriores, la energía no escasea en ningún momento.

Pero esto es falso. A medida que subes de nivel en una cadena trófica, se puede ver una reducción energética de hasta un 90% entre cada nivel.

Así, en un gráfico se muestra mejor:

Cadena trófica

Entendamos qué nos cuenta la pirámide.

Si se necesitan 1.000kg de productores para alimentar a 1kg de consumidor terciario (nosotros), se necesitarían 100.000kg de productores para alimentar a un humano de 100kg.

Esto se debe a que no solo nosotros nos alimentamos de productores, sino que hay que 'repartir' entre herbívoros y consumidores secundarios. Es decir, que si el número de kg de productores disminuye, los herbívoros comienzan a morirse y con ellos los secundarios y los siguientes somos nosotros.

Esto desemboca en una escasez energética abismal.

Y en el pasado, cuando no teníamos la tecnología para conseguir alimento de diferentes ecosistemas a la vez o para cercar zonas donde solo nosotros dispongamos del alimento allí contenido, vivíamos de esa manera.

Si no había comida, moríamos.

Por ello, no es de extrañar que nuestros cuerpos se hayan adaptado para la escasez energética y que, ante la mínima posibilidad, busquen una manera de ahorrar energía.

La invertíamos solo en cosas absolutamente necesarias, como conseguir nuevos alimentos, pues iba a aportarnos más energía.

Tras la caza, la pesca o la recolección, volvíamos al descanso.

De esta manera, podíamos usar ese extra de energía ahorrada para soportar enfermedades, épocas de frío o luchar contra otras tribus.

Sin embargo, ese espacio ambiental se parece entre poco y nada al que vivimos el mundo occidental actual.

Nosotros carecemos de escasez energética, pues solo tenemos que abrir la nevera o ir al supermercado para conseguir alimento.

Entonces, estamos hablando de una característica genética que en el pasado era esencial para nuestra supervivencia, pero que en la actualidad es una carga, ya que evitará que entrenemos más, pensemos más o trabajemos más.

Son actividades que innegablemente te hacen mejor, pero que tu cuerpo no relaciona con la supervivencia.

La homeostasis no solo evitará que hagas esas actividades, sino también que cada vez guardes más reposo y hagas aún menos cosas si cabe. Esto sumado a un mundo en el que es increíblemente fácil desarrollar adicción a casi cualquier estímulo, es cada vez más sencillo caer en la trampa.

Así, no es de extrañar que la gente vea cada vez más televisión, youtube, películas o que nos encontremos con problemas de obesidad por doquier.

El objetivo: luchar contra esa desadaptación evolutiva, pues ya no solo no la necesitamos, sino que es un grave inconveniente para triunfar en el mundo moderno.

  • Evitar el dolor.

Tus genes quieren mantenerte con vida para que te reproduzcas. Y cualquier estímulo que te cause molestia, es interpretado por tus genes como un peligro.

Así, cualquier actividad que cause daño estructural a tu cuerpo como el entrenamiento, no le va a gustar a tu cerebro y tratará de convencerte para que pares de hacerlo.

Este postulado no solo trata de evitar el daño estructural, sino también las actividades que nos producen ciertos miedos.

El más peligroso de todos, es el miedo social. Y este, está controlado por la amígdala.

Tenemos miedo social y tendemos a hacer caso a lo que dicen nuestros iguales por miedo a que al expresar una opinión diferente seamos expulsados del grupo.

Por eso, muchas personas son incapaces de expresar su opinión libremente, de decir que no o de dar discursos en público.

Así, en el pasado, podías correr el riesgo del ostracismo, de ser expulsado, desterrado del grupo. Y en un mundo hostil sin grupo, no solo no te reproducías, sino que acababas muriendo.

De esta manera, nuestros genes también se adaptaron ante este tipo de situaciones. Y cualquier actividad que te dé miedo o te cause incomodidad, tenderá a intentar que no la realices.

De nuevo encontramos una desadaptación evolutiva contra la que hay que luchar, pues las personas exitosas son seguras de sí mismas y con opinión propia. No son ellas las que siguen las opiniones de los demás, sino las que las crean.

  • Buscar placer

Por último, la homeostasis busca cualquier manera de encontrar el placer.

Este es el postulado menos prioritario de los tres y se cumplirá siempre y cuando los otros dos estén en orden.

Como hemos dicho antes, el cuerpo quiere ahorrar energía y evitar el dolor a toda costa. Y esto es debido al principal objetivo que tienen los genes de reproducirse.

Pero para reproducirse, para encontrar una pareja y hacerse merecedor de la misma, se necesitan algunas características más a parte de la de descansar sin más.

Es aquí donde aparece el sistema de recompensa.

El cuerpo recompensa actividades como pensar, entrenar, cazar, recopilar información… Porque te colocan en un lugar más elevado en la escala social, lo que implica que tienes más probabilidades de encontrar pareja sexual.

Así, cuando la energía no escaseaba hasta puntos preocupantes, los que salían del estado de confort eran recompensados gratamente.

Sin embargo, salir del estado de confort implicaba el esfuerzo de gastar energía y muchas veces de 'sufrir' dolor mental o físico.

Actualmente, encontramos un gran problema. Podemos encontrar el placer sin pasar por el gasto energético o el pequeño dolor.

Así, por ejemplo, sociabilizar.

Sociabilizando creamos relaciones profundas con los integrantes del grupo y así, en situaciones de peligro, es más probable que nos ayuden. Obviamente esto implica un gasto energético y algo de miedo social.

Es por eso que el cuerpo libera dopamina (neurotransmisor del placer) como recompensa de esta actividad, para seguir realizándola a pesar de los inconvenientes.

Sin embargo, hemos creado y extendido el uso de las redes sociales. Con ellas, podemos 'sociabilizar' sin pasar por el mismo gasto energético o por el dolor que causa hacerlo en la vida real; mientras que el cerebro nos lo recompensa con abundantes dosis de placer dopamínico.

Con los videojuegos, lo mismo. Sería el equivalente de peleas con gente de la tribu para aprender, con el buscar información del ambiente en el que nos rodeamos, con la mejora personal y el ascenso social.

En cuanto al sexo, igual. La pornografía y la masturbación nos aportan la dopamina necesaria relacionada con este estímulo sin necesidad de hacerlo en la vida real.

Actividades como la socialización, el conocimiento del medio o el sexo estaban en equilibrio con el gasto energético y la esquivación del dolor. Es decir, tenían un limitante.

En la actualidad, el cerebro nos recompensa igual estas actividades virtuales. Actividades que no tienen un limitante, que no vas a dejar de hacer porque estás cansado, porque casi no gastan energía así que nunca te cansas. Además tu cerebro no para de liberar más y más dopamina para que sigas realizándolas sin parar, entendiendo esas actividades como garantía de supervivencia.

Esto es lo que hace a un cerebro adicto. Adicto a cualquier estímulo que no sea limitado por el ahorro energético o la evitación del dolor, como las drogas, la pornografía, las redes sociales o los videojuegos.

En resumen, lo que quieren tus genes sobre los que se construye la homeostasis y tu vida es:

  • Que te reproduzcas para pasar tus genes a una nueva generación.
  • Que vivas lo suficiente para poder reproducirte.
  • Que te reproduzcas lo máximo posible.

¿Y quién regula la homeostasis?

Nuestro cerebro. Un cerebro que evolucionó para mantenerla, no para pensar.

Sí, has leído bien. Nuestros cerebros no han evolucionado para pensar.

Esta es una actividad costosa, y la mayoría de personas pasan por la vida sin pensar nunca.

Pero no es su culpa. Simplemente creen que su cerebro se encarga de eso. Pero no es cierto.

Tu cerebro se encarga de mantener la homeostasis, de ahorrar energía, y pensar es demasiado cansado. Así, la mayoría de las veces, solamente actúas de manera refleja creyendo que piensas.

En esa situación, no es de extrañar que la gente no sepa o no encuentre su propósito. El propósito de tu vida.

¿Cómo funciona la homeostasis?

Recordemos que la homeostasis se encarga de mantener el equilibrio. Hablamos de romper la homeostasis cuando realizamos actividades que van en contra del ahorro de energía y de evitar el dolor.

Así, cuando rompes la homeostasis, tus células detectan cambios. Como respuesta, liberan péptidos a la sangre que, cuando llegan a los nervios periféricos, envían un mensaje al cerebro a través de la espina dorsal . Este delega en el hipotálamo.

El hipotálamo es el termorregulador del cuerpo, es decir, la parte del cerebro que se encarga de detectar los cambios que hay en el organismo.

Detecta el aumento de péptidos debido a la realización de X (actividad que rompe la homeostasis), por lo que libera hormonas que le dirán a tu mente consciente que pare de hacer X porque es cansado, te da pereza o te avergüenza.

El resultado es que dejas de hacer actividades potencialmente buenas para ti solo porque un par de hormonas han dicho que dejes de hacerlas.

¿Cómo romper la homeostasis y utilizar su poder a nuestro favor en lugar de al de nuestros genes?

Parece que hemos pintado de oscuro el camino hacia la liberación de este impedimento biológico.

Sin embargo, es posible salir de ella.

A fin de cuentas, ahora no escaseamos en energía. Es más, podemos utilizarla para vencer a la homeostasis.

Y para entender cómo se puede salir de la homeostasis, os presentamos dos conceptos:

El primero es el de la alostasis.

La alostasis es el estado intermedio entre la ruptura de la homeostasis y el estrés excesivo, prejudicial para tu salud. La alostasis es una zona. Una zona en donde te adaptas ante un estrés.

El segundo concepto es el plateau.

Se entiende como el esfuerzo que tienes que realizar para romper la homeostasis y entrar en un estado de alostasis. Así, cuando superas el plateau, rompes la homeostasis, has generado un estrés y por ello entras en la zona de la alostasis, donde tratas de adaptarte a él.

Homeostasis, plateau y alostasis

Este esfuerzo, el plateau, conllevará la lucha contra el ahorro de energía y el intentar evitar el dolor. Algo que solo podrás superar con la disciplina suficiente y con una mente clara; lo aprenderás en este libro: El propósito de tu vida.

Así, cuando decides levantarte para ir a hacer ejercicio, el plateau sería la fuerza de voluntad que necesitas para ir hasta allí y empezar el ejercicio. Pero no te preocupes, una vez empieces la actividad, ya sea hacer ejercicio, estudiar, dar un discurso… Dejarás de estar incómodo, ya que al encontrarte en la alostasis, el cuerpo empieza a recompensarte con pequeñas dosis de hormonas placenteras.

Y no solo eso. Cuanto más rompas la homeostasis, te llevará menos esfuerzo repetir la misma actividad.

Nos explicamos.

Tú naces con un nivel de homeostasis base.

Al crecer, te enfrentas a fuentes de estrés que tienes que superar rompiendo la homeostasis.

Al romperla, entras en un estado de alostasis. Este estado te permitirá adaptarte a ese estrés, lo que implica que ese estrés deja de ser reconocido como algo que atenta contra tu supervivencia.

Es más, cada vez será considerado como algo que no solo no atenta contra tu supervivencia, sino que tu cuerpo entiende que la garantiza y tiene que seguir realizándola.

Es decir, la homeostasis sube de nivel.

Se ha alejado de ese nivel base, y ese nivel de estrés al que te has adaptado ya no le molesta al cuerpo.

Es decir, que puedes hacer que actividades que al principio te costaban, dejen de costarte.

Este es un ejemplo donde esto ocurre:

Al principio vas al gimnasio y levantar 40 kg en sentadilla te cuesta. Tienes que adaptarte a ese estrés.

Una vez pasa el tiempo y te adaptas, hacer sentadillas con 40 kg no te va a suponer ningún esfuerzo, por lo que tendrás que incrementar la carga para volver a pasar por el proceso de adaptación y así ir creciendo.

En este caso, el plateau, el romper la homeostasis sería hacer el ejercicio en sí. Un ejercicio con un peso que te cueste. La alostasis consistiría en la adaptación a ese estrés. Y una vez adaptado, tu estado de homeostasis habrá subido.

Y así es como se lucha contra ella. Forzándose a realizar actividades que sabemos que son buenas para nosotros, aunque nuestro cerebro nos diga que debemos descansar, que debemos ahorrar energía. Porque es mentira, nos sobra la energía.

El problema de mucha gente es que cree que ese dolor, ese esfuerzo, dura para siempre, que hacer cierta actividad siempre va a resultar costoso.

Acabamos de contar por qué esta afirmación es falsa. ¡Empieza y compruébalo!

¿Sabes lo que sí que dura para siempre? La huella que dejes en el planeta.

Es decir, si vives como un vago, serás recordado como vago.

Si vives como obeso, serás recordado como obeso.

Si vives entre las cuatro paredes de tu casa, serás recordado como asocial.

Si vives con la vergüenza y con la timidez a cuestas, serás recordado como el raro que nadie sentía interés por conocer.

Sin embargo, ya te hemos dado la solución para cambiar.

Cuanto más lejos estés de tu nivel homeostático básico, el de nacimiento, más cerca estarás del éxito. Serás más culto, más sociable, tendrás más sexo.

Si bien es cierto que no podemos cambiar lo que ya hemos relatado en la historia de nuestras vidas, siempre podemos introducir un cambio que nos lleve directos a un nuevo final.

A un final escogido por nosotros. No por nuestros genes.

Actúa.

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2 Comentarios on "LA HOMEOSTASIS Y SU CARGA"

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